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Lo que nadie quiere escuchar sobre los disturbios ingleses
Fuente: Diario Cristo Hoy
11 de noviembre del 2011

Un periodista católico inglés se anima a hablar de lo que nadie quiere ver, que detrás de los violentos que saquearon y quemaron en las calles de Londres existen jóvenes con familias desechas, abandonados de sus padres, sin siquiera contar con quien se parase delante de un juez para pedir su amparo.



La interpretación que nadie quiere escuchar sobre la causa de los disturbios de Londres la hizo William Oddie, ex director del "Catholic Herald" columnista en él, y quien al hablar no tiene temor a la incorrección política.

Se publicó un artículo en el Herald que lleva la firma de Oddie con un título provocador: "Ahora tenemos la prueba de que abolir los derechos de los padres y animar a las familias monoparentales era algo desastroso: el desastre ha sucedido".

Por su parte, el primer ministro David Cameron ha anunciado que tomará medidas contra el "colapso moral" del que son síntomas los disturbios ocurridos recientemente en Londres y otras ciudades del Reino Unido.



Datos que intentan taparse

Y es que los datos son tan claros, que diarios del esta-blishment como el "Times" ofrecen en internet los que sí han publicado en papel sobre las circunstancias personales de cientos de menores implicados en los estragos, amenazas y vandalismo que han conmocionado a la sociedad británica. "Herald" reproduce esos datos, para que queden así a disposición de todo el mundo.

Haciendo su aporte al candente tema, un informe del Instituto de Investigación de las Políticas Públicas (IPPR) destaca la mayoritaria proporción de hijos de familias monoparentales y hogares desestructurados entre los autores de los actos criminales. De hecho, ese factor ha sido mucho más relevante en la caracterización de los delincuentes que su origen social, pues, como es sabido, han sido detenidos varios "hijos del poder" e incluso de millonarios conocidos, como autores de robos y asaltos a tiendas y supermercados.

Solos ante un juez

Es más: los mismos jueces se han visto sorprendidos al comprobar que en los juicios a chicos de 14 años que llevaban 48 horas detenidos no esta ninguno de sus padres. "Salvo en un caso", afirma el juez Jonathan Feinstein, de Manchester", "no he visto a ningún padre en el tribunal". Por su parte, la juez Elízabeth Roscoe, del distrito de Westminster, declaró que no podía concebir que "a los padres no les importase" que a una niña de 14 años que compareció ante ella se la estuviese acusando de delitos gravísimos que incluso podían afectar a la misma custodia, hasta el punto de no comparecer en la audiencia oral.

Siempre según el "Times", un trabajador social de Lambeth, en el sur de Londres, afirma que en muchas familias monoparentales en las que la madre ha criado al hijo sin el padre, el hijo se ha adueñado de la situación: "Las madres solas tienen a menudo miedo de sus hijos”, afirma, y además cuando éstos se meten en el mundo del crimen, llegan a ingresar más dinero que ellas: "Roban más de lo que sus madres ganan, y se convierten en la figura paterna, en la principal fuente de ingresos".

Un designio político deliberado

Pero "Herald" no se limita a recoger estos datos, sino que aporta su propia visión de las cosas: "La familia basada en el matrimonio es la institución que hay que reconstruir con mayor urgencia
[...]. Durante décadas nuestro país ha minado el matrimonio, la familia, los derechos de los padres
[...] y ahora de golpe queremos que los padres les digan a sus hijos adolescentes cómo tienen que comportarse".

Y esto no es solo obra del laborismo, a pesar de que los gobiernos de Tony Blair incidieron en esa labor destructiva. El "Herald" critica la Ley Infantil de 1989, bajo gobierno tory, que "abolió los derechos de los padres, los animaba a no pasar demasiado tiempo con sus hijos, incluso concedía a los hijos la posibilidad de proceder legalmente contra sus padres por intentar ponerlos "en vereda", que incluso cuestionaba un palmazo si no era "razonable" y debilitaba la autoridad de los padres hasta convertir al hijo en una especie de co-padre".

El "Herald" también señala que desde los años sesenta "el divorcio ha sido cada vez más fácil de conseguir y se ha difundido la idea de que hay muchas formas de familia y de que el matrimonio es sólo una opción más. Y si considerabas que la paternidad o maternidad en solitario debía ser desaconsejada, en vez de animar a ella mediante el sistema fiscal y de subvenciones, entonces eras considerado un fascista".

"En los años 50", concluye Oddie, "todo el mundo, incluidos gobiernos de todos los colores, sabían que el matrimonio es la base de la estabilidad social. Así que no ha habido nada de inevitable en lo que ha sucedido tras la "liberación" de los años 60, llevada a cabo por ideologías de todo tipo. [...] Y lo que un designio político puede hacer, otro designio político lo puede deshacer."
Esperemos que sea eso a lo que David Cameron se refería con lo de evitar el "colapso moral", y que no se diluya el proyecto en cuanto se borre en el tiempo el recuerdo del salvajismo vivido.

Vos lecturas de una única realidad

Los estallidos de violencia urbana y desórdenes, como los de Inglaterra en estos días o los de las banlieues francesas, en 2005, suelen suscitar dos tipos de interpretaciones. Una busca la explicación en la marginación laboral y social de los jóvenes de barrios deprimidos; otra ve en estos jóvenes vándalos el resultado de la crisis de la familia y de la escuela, que no han logrado inculcarles los valores indispensables para la convivencia. La primera pide como solución más gasto social en esos barrios; la segunda insiste en recuperar la autoridad familiar y la disciplina en la escuela como recursos para educar.

Ambos diagnósticos tienen su parte de verdad, y las soluciones que sugieren no tienen por qué ser alternativas.

En lo que todos coinciden es que en sociedades desarrolladas, como el Reino Unido o Francia, hay un estrato de jóvenes casi sin empleo, sin formación, sin valores y sin más aspiraciones más que tener la ropa de moda, el último smartphone y las zapatillas deportivas de marca. Maleducados en la conducta de la gratificación inmediata y carente de perspectivas de un futuro mejor, de vez en cuando sus frustraciones estallan en desórdenes, saqueos y violencia.

Violencia consumista

Algunos analistas destacan que estos desórdenes se originan en barrios de gente de escasos recursos, donde apenas hay oportunidades de empleo ni de mejora social. Desempleo juvenil, fracaso escolar, viviendas deterioradas y difusión de las drogas, forman un caldo de cultivo para la delincuencia callejera y las pandillas violentas.

"Un ethos social perverso niega a los menos favorecidos la disciplina que puede permitirles escapar de la trampa de la dependencia" aseguran.

De todos modos, la privación y la pobreza son relativas. A diferencia de los pobres del pasado, estos jóvenes de hoy tienen cubiertas sus necesidades básicas por el "Estado del Bienestar". No saquean para comer, sino para lograr un ÍPad. "La mayoría no roba por necesidad, sino simplemente porque puede", explica Jim Waddington, estudioso del orden público ("El País"," 11-08-2011). "Que muchos de ellos procedan de barrios pobres, que se debe sobre todo a la falta de control social. Los chicos en las zonas deprimidas suelen hacer más vida en la calle, lo que hace más probable que se unan a los disturbios".

Otro rasgo distintivo de los disturbios actuales —a diferencia de lo ocurrido años atrás— es que la violencia callejera de estos días no tiene reivindicaciones sociales ni políticas. Es la patada a la vidriera, el destrozo gratuito y el incendio provocado, en busca de emociones fuertes y de cosas apetecibles.

Se ha dicho, también, que estos disturbios son el fruto de los recortes sociales del Gobierno de Came-ron. Pero el plan de fuerte reducción del gasto público de hace casi un año todavía no ha tenido efecto, porque su aplicación gradual comenzó recién a principios de abril de 2011.

El diagnóstico basado en los factores sociales subraya, con razón, la falta de oportunidades vitales de muchos de estos jóvenes. Un chico de 19 años que participó en los saqueos de Londres declaraba al "International Herald Tribune" (10-08-2011) que nadie le daba una oportunidad, que ya había dejado de buscar empleo y que recibía un subsidio de 152 libras mensuales (unos 175 euros). "Me dan lo suficiente para que coma y vea la televisión todo el día. Ya ni pago mis facturas". Una buena muestra de lo que da de sí el gasto social sin exigir nada a cambio.

Ni padre ni profesor

Para salir de esta situación de dependencia haría falta también que la familia y la escuela cumpliera su papel educativo. Pero si de algo están privados estos jóvenes es de una familia sólida. En el Reino Unido, más de un tercio de los menores de 18 años vive o en una familia a cargo de un solo padre (21, 5%) o en una familia de padres que cohabitan sin estar casados o en familias reconstituidas (12, 6%). El porcentaje de niños que viven con sus dos padres casados (64,5%) es uno de los más bajos de Europa, al mismo nivel que Francia.

El problema no es solo que en muchas familias de estos barrios no haya un padre en casa, sino también que éste ha perdido todo control sobre la vida de los hijos, porque el mismo está desocupado o no tiene valores que transmitir. Según escribe Max Hastings en "MaílOnline" (10-08-2011), "la ruptura de las familias, la dañina promoción de la maternidad en solitario como un estado deseable, el declive de la vida doméstica de modo que las comidas en familia se han convertido en una rareza, todo ello ha influido de modo importante en el estado de estos jóvenes". Y ha influido con el consentimiento tácito o expreso de la política social del gobierno.

Lo políticamente correcto ha impuesto un nuevo tabú, comenta Joanna Bogle ("MercatorNet", 12-08-2011): "Decir que los niños crecen mejor cuando tienen un padre y una madre casados y comprometidos con la vida familiar se ha convertido en motivo de desdén y de burla. Un asistente social o un profesor ya no puede hablar a favor el matrimonio si no quiere exponerse a una denuncia ante los tribunales o a arruinar su carrera" Pero la fractura de la vida familiar tiene importantes costes sociales, como se está viendo estos días.

Tampoco la escuela ha logrado hacer carrera con estos jóvenes, que no confían en el estudio para as-cender socialmente ni encuentran un ambiente propicio para aprender ni están dispuestos a que un profesor se lo imponga.

Victimas de un ethos social equivocado

El diagnóstico que tiende a echar la culpa a la falta de ayudas sociales se queda, por lo menos, a medio camino. Estos jóvenes, afirma Max Hastings, "son víctimas de un ethos social perverso, que convierte la libertad personal en un absoluto y niega a los menos favorecidos la disciplina —el amor fuerte— que es lo único que puede permitirles escapar de la trampa de la dependencia en la que han caído".
Sin duda, es preciso ayudarlos a cambiar sus vidas.

Pero, continúa Hastings, "es tremendamente difícil ayudar a esta gente, jóvenes o adultos, sin imponer una medida de coerción, que la sociedad moderna encuentra inaceptable. Estos chicos son lo que son porque nadie les hace ser algo distinto o mejor".

El resultado es que "carecen de un código de valores que los disuada de comportarse de un modo antisocial o, incluso, criminal, y pocas probabilidades de ser castigados si se componan así".

Cualquier gasto social será inútil, si no so refuerza la fibra moral de estos jóvenes.

Ahora Cameron pone mano dura para decir a "los sin ley": "Los vamos a buscar, los vamos a encontrar, los vamos a acusar ante los tribunales, los vamos a castigar, van a pagar por todo lo que han hecho". Es justo y urgente. Pero una vez más se comprueba que cuando una sociedad es blanda en la educación termina por ser más dura en el Código Penal.

Es dudoso que los vándalos encapuchados que destrozan escaparates para robar y queman autos estén dispuestos a cambiar de conducta si no temen las medidas represivas. De todos modos, cuando los comportamientos antisociales no son exclusividad de una minoría, sino la cultura de todo un estrato juvenil, hacen falta más palancas para cambiar la situación. Serán necesarias medidas de refuerzo de la formación profesional, de estímulo del empleo juvenil, de crear lazos de comunidad, que den una oportunidad honrada a todos aquellos que estén dispuestos a buscarla.

Pero la experiencia indica también que todo este esfuerzo puede ser inútil si no se estimula la fibra moral de estos jóvenes. Hace falta una labor continuada de formación para crear resortes de carácter, de disciplina, de laboriosidad, de compromiso familiar, que permitan sacar partido de las ayudas sociales. Nada que pueda resolverse en una legislatura.

A diferencia de los económicos, los valores éticos siempre cotizan al alza cuando estalla una crisis. Ahora todos los políticos y expertos sociales coinciden en que hay que reforzar el compromiso familiar, la autoridad de los profesores, el autodominio de los jóvenes frente a los deseos instintivos. Solo falta que la propia política social del gobierno lo tenga en cuenta.

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