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Educación, primero en casa
Fuente: Diario Cristo Hoy
30 de Abril del 2012

Los ocho pilares de un ambiente educativo.



Es un hecho que hoy día los padres están físicamente menos presentes en la casa. Sin embargo, esta ausencia se puede suplir, en parte, cuando ellos son capaces de crear ambientes sanos, que actúan sobre la familia en todo momento.

Ocho pilares fundamentales para lograr sanos ambientes

1- Jerarquía de seres y de bienes: enseñarles a los niños el orden de las prioridades. Deben saber que lo personal está por sobre lo material, que hay que cuidar las cosas, pero que lo más relevante es el respeto por las personas. Por ejemplo: los padres, mediante su actuar y su palabra, deben enseñar que es más grave decirle una palabrota a alguien que ensuciar la alfombra con chocolate.

2- Amor a la verdad, al bien y a la belleza: procurar que los hijos vivan en un ambiente donde se respiren estos valores. Por ejemplo, no transar con la mentira; tratar de que los niños contemplen la naturaleza en el jardín, aunque éste sea pequeño; procurar que la casa tenga una armonía física y un cierto orden siempre al servicio de las personas.

3- Interés por el conocimiento y la cultura: ayuda mucho a formar un ambiente educativo el que los padres conversen temas interesantes en la mesa, aunque los más pequeños no entiendan todo. Se trata de dialogar, compartir experiencias y también de llevarlos, por ejemplo, al parque, zoológico o de excursión.

4- Amor a lo trascendente: hay que fomentar instancias que ayuden a los niños a salir de ellos mismos, a servir a los demás, a trascender. Por ejemplo, llevarlos a visitar a una tía enferma o preguntarles qué hicieron hoy día por el otro. Es muy importante que haya imágenes y espacios que inviten a la oración.

5- Conocimiento moral: enseñarles a los niños a distinguir entre el bien y el mal, a saber que lo que hace la mayoría no necesariamente es lo bueno. Invitarlos a jugársela por principios orientadores coherentes y consistentes, que luego se transformarán en normas y reglas que ayudarán a concretar el proyecto educativo de cada familia. Por ejemplo: en esta familia no se miente.

6- Vínculos sólidos: no se saca nada con imponer normas y reglas si no establecemos antes una relación afectiva estable entre padres e hijos. Estos vínculos nacen desde
el amor incondicional, es decir, el niño tiene que saber que se lo quiere por ser quien es, independiente de lo que haga o diga. Esta vivencia de amor radical le permite a un hijo explorar, saber que puede equivocarse y tener seguridad en sí mismo.

7- Educar en la libertad: esto es clave para formar una disciplina interior, lograr que un hijo se gobierne a sí mismo y sepa elegir el bien más allá de la gratificación del momento y de que estén o no presentes sus padres. El niño no sólo tiene que saber lo que es bueno (inteligencia), sino también querer hacer ese bien (voluntad).

8- Virtudes: la voluntad se fortalece a través de actos operativos buenos (virtudes) que se repiten una y otra vez hasta transformarse en hábitos. Hoy existe el desafío de saber equilibrar ámbitos de la vida, descubrir cuál es el tiempo razonable que necesita cada hijo y buscar sistemas para estar presente desde la distancia, de manera de que la casa siga funcionando. Una tarea difícil, pero posible cuando hay un esfuerzo y un trabajo arduo por parte de los padres. (Natalia Agüero A./ "Hacer Familia"/ Extracto y adaptación)





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