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El consumismo extraescolar
Fuente: Del semanario Cristo Hoy
13 de Mayo del 2015

Con muy buena intención, para que aprovechen el tiempo y se formen de la mejor manera posible, muchos padres cargan a sus hijos con un activismo frenético. La consecuencia es que un buen número de niños funcionan a golpe de agenda y tienen la vida programada al milímetro. La carrera de las extraescolares comienza cuando salen de clase y acaba, a veces, a horas intempestivas. Muchos niños meriendan mientras van a inglés o a música, no llegan a casa hasta la hora de cenar y hacen los deberes por la noche, cuando deberían estar durmiendo.
Uno de los motivos que encontramos para planear el tiempo de esta manera hay que buscarlo en la incompatibilidad del horario laboral y familiar: muchos niños no pueden ir a casa después de las clases, simplemente, porque allí no hay nadie que los pueda atender, en ese caso, la única solución pasa por "tenerlos" en actividades diversas. Otro motivo para sobrecargarlo en ese afán de formar personas altamente competitivas, perfectamente preparadas para un mundo exigente y agresivo.


Consumismo encubierto

Pero hay otro motivo, más oculto quizá, y es que las actividades extraescolares son también una forma de consumismo. No lo son por costar más o menos dinero, aunque algunas de ellas son muy caras, sino porque, depende de cómo las utilicemos; podemos no estar haciendo otra cosa que consumir por consumir inglés, música, pintura, guitarra, alemán, repasos variados, etc. Para no caer en ese consumismo extraescolar que absorbe el tiempo libre de nuestros hijos, hemos de tener claro algunos criterios:

- Diversificar las actividades y tener en cuenta que, si están bien escogidas, les pueden aportar muchos beneficios: intelectuales, físicos, afectivos, sociales...

.- No proyectarnos en ellos. A veces pensamos más en nosostros mismos que en nuestros hijos, y en vez de buscar su bien queremos que "nos dejen bien".

.- Dejar huecos en su horario para que puedan disfrutar con nosotros, con sus amigos, con sus abuelos...Que cada día tengan por lo menos un rato libre.

.- Atender a posibles síntomas de estrés, como los tics, trastornos del sueño, dolor de cabeza o de intestinos, pérdida de apetito... Generalmente el estrés por sobrecarga de actividades se produce en hijos dóciles que no se rebelan, sino que aceptan con gusto las actividades que les proponemos.

.- Ponermos en su lugar. Muchas veces no nos damos cuenta de lo agotadora y estresante que puede llegar a ser la jornada "laboral" de nuestros hijos, entre la escuela, los deberes y las actividades extraescolares.

.- Cuidar que las actividades que hagan no les roben tiempo valioso de estudio, descanso, diversión, sino de esa inútil ociosidad que les planta ante el televisor, el móvil, el ordenador o los videojuegos.

.- Contar con su opinión para elegir las actividades extraescolares.

.- No caer en el error de que todos los hijos hagan lo mismo.

.- No cambiar la actividad por capricho: lo que se empieza se acaba.

.- Procurar que estén ocupados, no agobiados. La desocupación produce hastío; el agobio, nerviosismo, ansiedad y estrés.

.- Dar ejemplo. Si no sabemos qué hacer con nuestro tiempo, no podemos gestionar el de nuestros hijos.

(Pilar Guembe y Carlos Goñi/ Adaptación)

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